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Ministerio del Interior acompañó en el Naya una jornada de memoria comunitaria, reconocimientos y expresiones culturales por las víctimas de la masacre de 2001

El Ministerio del Interior acompañó en el Resguardo Indígena El Playón Nasa Naya, del municipio de Buenos Aires, Cauca, la conmemoración que se realizó por parte de las víctimas de la masacre del Naya, ocurrida en abril de 2001. La jornada transcurrió como un espacio de memoria, dignificación de las víctimas y encuentro comunitario, con la participación de autoridades tradicionales, liderazgos del resguardo, organizaciones sociales, delegaciones institucionales y habitantes de la región.

La jornada se realizó en el resguardo indígena El Playón Nasa Naya, en Buenos Aires, Cauca, y contó con la participación de autoridades tradicionales, comunidad y delegaciones institucionales.

Durante la conmemoración hubo espacio para expresiones culturales y de reconocimiento a las víctimas, en un ejercicio de dignificación construido en el territorio.

Buenos Aires, Cauca, 17 de abril de 2026. El Ministerio del Interior acompañó en el Resguardo Indígena El Playón Nasa Naya, del municipio de Buenos Aires, Cauca, la conmemoración que se realizó por parte de las víctimas de la masacre del Naya, ocurrida en abril de 2001. La jornada transcurrió como un espacio de memoria, dignificación de las víctimas y encuentro comunitario, con la participación de autoridades tradicionales, liderazgos del resguardo, organizaciones sociales, delegaciones institucionales y habitantes de la región.

La conmemoración abrió con un ritual de armonización y con las palabras de apertura de Diana Caviche, representante legal del resguardo indígena El Playón Nasa Naya. También intervinieron mayores, autoridades de las cinco veredas del resguardo, cabildos asistentes y organizaciones sociales, en un acto que puso en el centro la memoria de las víctimas y la palabra de la comunidad.

A lo largo de la jornada hubo expresiones artísticas y culturales por parte de infancias y jóvenes de la comunidad que participaron en chirimías, presentaciones de danza e intervenciones musicales, que acompañaron el tono solemne del encuentro y reafirmaron la pervivencia del Naya desde sus propias prácticas culturales.

Uno de los momentos centrales fue la entrega de reconocimientos conmemorativos a víctimas y familias presentes, así como a la vereda Río Mina. Más tarde, las viudas y otras personas de la comunidad tomaron la palabra para relatar lo ocurrido, compartir su memoria sobre la masacre y agradecer que, por primera vez, una entidad del Estado hiciera presencia en el territorio para acompañar el homenaje a las víctimas.

Milena Campo Garcés, una de las víctimas directas de la masacre, resumió el valor de este acto en la posibilidad de recordar colectivamente a quienes fueron arrebatados por la violencia y de mantener viva su memoria desde el territorio.

«Es grato saber que aquí en el Naya, las autoridades indígenas, líderes de Juntas de Acción Comunal, Guardia Indígena y todas las organizaciones que hacen presencia en este territorio, se unen a nosotras como víctimas directas a este recordatorio. Y que ellos sean quienes día a día también puedan hablar por nosotras como las víctimas directas. Los familiares que nosotras perdimos no han quedado en la impunidad, los seguiremos recordando hasta que se apague el sol», aseguró.

El Ministerio del Interior participó en el acto a través del Grupo de Articulación Interna para la Política de Víctimas del Conflicto Armado (GVC), en cumplimiento de su papel de acompañamiento a los procesos de memoria, reparación simbólica y garantías de no repetición. La presencia institucional respondió a un hito reconocido por la comunidad: por primera vez una entidad del Estado llegó al territorio para acompañar de manera directa esta conmemoración.

Carlos Espitia, coordinador del GVC, destacó el sentido de este acompañamiento como un reconocimiento a la resistencia de las víctimas y a la construcción de paz desde la comunidad. «Con la presencia activa del Ministerio del Interior en el proceso de planeación y materialización de esta conmemoración, quisimos, sobre todo, hacer un reconocimiento a los familiares de las víctimas y a la comunidad en general por estos años de lucha, de resistencia y de reivindicación y construcción de paz territorial. Esto, sin lugar a dudas, representa un hito trascendental para el futuro en paz de este país», concluyó Espitia.

En la jornada también hubo espacio para intervenciones artísticas y una olla comunitaria que reunió a las familias y delegaciones asistentes, en un cierre marcado por la escucha, el respeto y la participación colectiva. Más que un acto protocolario, la conmemoración se desarrolló como un ejercicio construido desde la comunidad, con un profundo sentido territorial y simbólico.

Es propicio recordar que la masacre del Naya dejó una huella profunda en las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas del suroccidente del país. La incursión paramilitar ocurrida entre el 10 y el 12 de abril de 2001 derivó en homicidios, amenazas y desplazamientos forzados que fracturaron el tejido comunitario y, de acuerdo con el Registro Único de Víctimas (RUV) de la Unidad para las Víctimas, generó un desplazamiento de unas 3.000 personas hacia distintos municipios del Cauca y Valle del Cauca.

Con esta jornada, el Ministerio del Interior acompañó un ejercicio sin precedentes en el Naya y reafirmó su compromiso con la memoria, la reparación simbólica y las garantías de no repetición. La conmemoración dejó en el territorio un mensaje claro: la dignificación de las víctimas también pasa por reconocer su historia allí donde ocurrió el dolor y por respaldar, desde las instituciones, los procesos comunitarios que mantienen viva la memoria.

 

 

Ministerio del Interior